Aprende a interpretar las etiquetas de los alimentos

Etiquetas de los alimentos

Hace sólo unas décadas, uno de los objetivos de nuestros abuelos era poder comer y, si ello era posible, hacerlo de una manera variada. Hoy en día, cuando para la mayoría de nosotros el hecho de comer va más allá de una estricta necesidad biológica, el ejercicio de ir al supermercado se ha convertido en un preocupante proceso de selección: ¿qué elegimos?, ¿quién lo ha preparado?, ¿dónde se ha elaborado?, ¿con qué ingredientes?, ¿qué beneficios reportará a nuestra salud?

En los pasillos del supermercado, las marcas rivalizan para llamar nuestra atención con brillantes colores y con un lenguaje que nadie nos enseñó en la escuela, que nos resulta complicado descifrar y que, precisamente por técnico y oscuro, tiende a suscitar nuestra desconfianza.

Ante este desconcierto, disponemos de tres opciones: comer sólo aquello que nosotros mismos cultivemos (una opción tan difícil de sostener como desequilibrada), vivir ignorando una información que nos parece incomprensible, o intentar entender el lenguaje de las etiquetas para dejar de elegir a ciegas y aprender a escoger de acuerdo con nuestros intereses los alimentos que queremos consumir y en los que vamos a depositar nuestra confianza.

A veces, parece que las etiquetas de algunos alimentos estén escritas en otro idioma. Al fin y al cabo, ¿cuánta gente conoce la diferencia entre ” light” y “bajo en calorías“? ¿O entre “orgánico” y “100% orgánico”?  Y, ¿cómo puede ser que en algunos casos la suma de los componentes no cuadre?

Bueno, deja la calculadora, y escucha: tenemos las respuestas a todas estas preguntas.

El reglamento

Actualmente en España los productos alimentarios deben incorporar en el etiquetado todos sus ingredientes. Esto es lo que establece el decreto  aprobado hace años -Real Decreto 2220/2004-, con el objetivo de informar mejor a los consumidores y proteger su salud.

Así pues, en las etiquetas deberá aparecer toda la información sobre los ingredientes de los productos alimenticios, es decir, todas las sustancias -incluidos los aditivos-, utilizadas en la fabricación o preparación del producto en cuestión.

Con la implantación de esta normativa y siguiendo los consejos emitidos desde el “Comité científico de la alimentación humana” se incrementa considerablemente la protección de los consumidores, en especial aquellos que son susceptibles de verse afectados por alergias o intolerancias.

De todas formas, hasta el próximo mes de noviembre podemos encontrarnos aún algunos productos que no incluyan toda su composición en las etiquetas, ya que se ha facilitado un período de margen para la comercialización de los alimentos con etiquetado anterior.

Una vez puesta en marcha esta reglamentación, la información que debe recogerse en las etiquetas se ve considerablemente ampliada. Y es que hasta la aprobación de este decreto únicamente era obligatorio indicar si el alimento contenía organismos transgénicos e incluir aquellas sustancias sobre las que se aludía en la publicidad y que potenciaban la funcionalidad y los efectos saludables del alimento en el cuerpo.

Esto quiere decir que, por ejemplo, si se proclama que se trata de un producto ligero o bajo en calorías o de sal, las cantidades deben ser claramente especificadas en la etiqueta. Además, hasta el momento sólo aparecían aquellos ingredientes utilizados en la elaboración del producto con una presencia final superior al 25%, cosa que reducía al mínimo el listado de nutrientes en el distintivo.

Apuesta por la seguridad

Todas estas estrictas iniciativas para conseguir un etiquetado más detallado responden a la intención de reforzar los derechos de los consumidores informándoles sobre lo que comen.

Este aspecto es de suma importancia porque cada día somos más conscientes de la necesidad de una buena alimentación, evidenciándose constantemente aquella expresión que sentencia que “somos lo que comemos“, y de aquí la relevancia de conocer lo que contiene aquello que ingerimos.

En esta línea, la Agencia española de Seguridad Alimentaria pretende promover la salud entre los ciudadanos y asegurarnos la calidad de lo que consumimos.

Así pues, tener conocimiento de lo que contienen los alimentos que compramos, o lo que es lo mismo, estar informados, es una de las principales prioridades de esta entidad.

Pon toda tu atención

Ante el aumento de la inquietud por el conocimiento de los aspectos nutricionales de nuestras dietas y la cada vez más reglamentada concreción de las etiquetas, ahora nos toca a nosotros poner de nuestra parte prestando atención a esa información.

El problema es que no siempre tenemos el hábito de leer atentamente el etiquetado de los productos y muchas veces, dado el incómodo formato con que se nos presentan o las ambigüedades sobre las cantidades indicadas, no nos molestamos a entender su significado.

Para vencer todos estos obstáculos y facilitar el entendimiento de estos rótulos, desde diferentes entidades, en especial las organizaciones de consumidores, se está promoviendo el aprendizaje y la formación de los ciudadanos para interpretar el etiquetado. Desde la Organización de Consumidores y Usuarios , la OCU, por ejemplo, se promueve la etiqueta como fuente de información más que un reclamo publicitario.

Esta entidad dispone de una guía editada con un lenguaje sencillo y con ejemplos concretos para aclarar las dudas de los interesados.

Para encontrar más datos sobre la ínterpretación de las etiquetas y los derechos de información sobre el contenido de los alimentos podéis consultar la página web de la OCU, en www.ocu.org. En el portal de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, que depende del Ministerio de Sanidad y Consumo (www.aesa.msc.es) encontraréis también diferentes aspectos sobre el etiquetado y la seguridad de los alimentos, que también se puede consultar en la página web del Consejo Europeo de Información sobre Alimentación, www.eufic.org.

“Sin”, “Light”, “Bajo en”…

Si viajas, por ejemplo, a Estados Unidos, veras que las reglas del etiquetado son distintas.

Aquí tienes las traducciones de lo que deberían significar los populares términos de las etiquetas

“Sin”

Contiene tan pocas calorías, grasa, grasa saturada, colesterol, sodio o azúcar, que no afecta para nada a la dieta

“Bajo en”

Contiene una pequeña cantidad de calorías, grasa, grasa saturada, colesterol, sodio o azúcar

“Bajo en grasa”

Significa menos de tres gramos de grasa por ración

“Bajos en calorías”

Los alimentos contienen menos de 40 calorías por ración

“Light”

La cantidad de calorías es inferior en un 33%, o la cantidad de grasa es inferior en un 50%, en comparación con la versión estándar del alimento. También aparece en alimentos con un 50% menos de sodio, y que son “bajos en calorías” o “bajos en grasas

“Rico en”

Contiene al menos un 20% de la CDR (Cantidad Diaria Recomendada) de proteínas, vitaminas, minerales, fibra o potasio. La etiqueta también puede rezar “excelente fuente de”

“Buena fuente de”

Contiene entre el 10% y el 19% de la CDR de proteínas, vitaminas, minerales, fibra o potasio. Como sinónimos, podemos encontrar “contiene” o “aporta”

“Más”

Tiene el 10% o mas de la CDR de proteínas, vitaminas, minerales, fibra o potasio. La etiqueta también puede decir que el nutriente esta “añadido” o “extra”.

Significado del término “Orgánico”

Los alimentos orgánicos no han sido tratados con pesticidas tóxicos ni fertilizantes. Se procesan lo mínimo posible y no contienen ingredientes artificiales, conservantes ni son expuestos a radiaciones para eliminar las bacterias.

Aquí tienes algunos criterios para etiquetar los alimentos orgánicos (EE.UU.)

“100% orgánico”

Debe contener un 100% de productos cultivados o tratados de forma orgánica

“Orgánico”

Debe contener no menos del 95% de productos tratados orgánicamente, procedentes de cultivos. El resto puede producirse orgánicamente, a menos que no sean comercializables en forma orgánica, o deben proceder de sustancias no cultivadas.

“Elaborado con ingredientes orgánicos”

Debe contener al menos un 70% de ingredientes tratados de forma orgánica.

La próxima vez que vayas a la compra

Utiliza tus nuevos conocimientos para elegir alimentos bajos en grasas (especialmente las saturadas) y en azúcar, y ricos en vitaminas y en fibra.

No olvides leer cuál es el tamaño de una ración, o por cuántos gramos cuenta la tabla de información nutricional, y así evitarás comer más de la cuenta (e ingerir más calorías de las que habías calculado).

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