Perder peso, si quieres, puedes

Perder peso

Hay que dejar de solo “querer” y “hacerlo”. Hay diferencias entre querer perder peso y esperar perderlo. Las personas que dicen querer perder peso esperan que lo perderán.

Estar pasado de peso en cierto sentido es como ser un alcohólico, ya que los dos son problemas para toda la vida y ambos requieren control perenne para asegurarse de no volver a recaer.

Es posible perder peso y mantenerlo pero hay que dejar de “quererlo” nada más, y disponerse a hacerlo. Porque reducir peso y preservar la pérdida es cuestión de estilo de vida. No hay que olvidarse de todas nuestras tentaciones alimenticias, ni es necesario pasarse las horas en un gimnasio para conseguir nuestro objetivo.

No hay duda de que nuestra obsesión con la comida puede tener mas que ver con lo que comemos que con que comemos; puede que el alimento se convierta en un sustituto de la falta de autoestima o de la pérdida de una relación, o una de las miles de cosas por las que la comida puede llegar a verse como una compensación.

Es posible que no tengamos control sobre nuestros hábitos, pero nunca debemos creernos que no sea posible su control porque resulta relativamente sencillo. Si dejamos, simplemente, de pretender que queremos perder peso, podemos empezar con un acto de voluntad. Ese primer acto debe consistir en fijarnos un objetivo realista de reducción de peso que determinaremos obtener mediante el aporte de nuestras responsabilidades, y la única forma de hacerlo es mediante nuestro autocontrol.

Porqué no sirven las dietas donde se pasa hambre

Vamos a dejar claro que si le damos al cuerpo menos calorías de las que precisa acabaremos por perder peso. En ese sentido si que funcionan las dietas de hambre. Ningún tiroides “averiado”, ni la depresión, ni el aburrimiento o incluso cualquier circunstancia de estrés nos impedirán perder peso si consumimos menos alimento del que utiliza nuestro cuerpo. Como dice el terrible axioma: “En los campos de concentración no hay gente obesa, excepto los guardianes”.

Si las dietas de hambre funciona allí, ¿por qué no van a funcionar con nosotros? El punto estriba en que las dietas de hambre pueden producir una reducción inmediata de peso, pero hay una gran diferencia entre una bajada abrupta de peso y un control permanente. Prácticamente, la totalidad de las personas que pierden peso pasando hambre vuelven a recuperarlo, e incluso más, en el año siguiente de su reducción inicial.

Aparte de ser peligrosas para la salud, el problema es que las dietas de hambre tienden a reducir la tasa de pérdida de grasa. la razón estriba en que el cuerpo percibe una baja radical en calorías como una amenaza para el sistema, como un aviso del hambre que ha de venir, lo que le pone en guardia haciendo que almacene todas las calorias posibles. el cuerpo consigue este fenómeno reduciendo su tasa de metabolismo basal (bmr) o velocidad a la que consume energía.

El metabolismo se refiere a la totalidad de procesos químicos y fisiológicos mediante los que el cuerpo produce energía para mantener sus funciones vitales. Se estima que aproximadamente 73% del gasto calórico se usa para la termogénesis (mantenimiento de la temperatura corporal) y un 12% para generar actividad física.

Aunque los ejercicios pueden alterar significativamente nuestro BMR, es evidente que el factor singular más importante para determinar la tasa a la que consumimos energía es nuestro metabolismo basal. Una reducción pequeña del BMR puede cancelar o al menos disminuir drásticamente la tasa de pérdida de peso que podría conseguirse de otra forma mediante el descenso radical del consumo calórico.

Ejercicio y pérdida de peso

Supuesto que el músculo es metabólicamente más activo que la grasa, supone mucha más energía mantener un cuerpo con bastante músculo que otro con más grasa, incluso en descanso.

De ahí se sigue que al mantener la proporción de músculo/grasa potenciamos la capacidad corporal para utilizar calorías en vez de convertirlas en grasas y almacenarlas. El mismo ejercicio requiere un gasto calórico, por lo que podemos controlar el equilibrio de nuestra ingesta alimenticia mediante el ejercicio.

Dieta y suplementación

El equilibrio entre la dieta y el ejercicio es crítico para una pérdida efectiva de peso, aunque desgraciadamente la grasa corporal no se descompone inmediatamente para aportar energía durante el ejercicio.

La razón estriba en que las cadenas largas de los átomos de carbono que constituyen la grasa requieren más oxígeno para su descomposición que el disponible durante el ejercicio físico ordinario.

Una de las razones porque los suplementos dietéticos pueden ser muy valiosos dentro del contexto de un programa de reducción de peso, es porque la disminución de calorías no solo reduce el metabolismo, sino que también incrementa el apetito. Si como consecuencia de recortar las calorías privamos al cuerpo de parte de los nutrientes que necesita, este reacciona estimulando los mecanismos que controlan el apetito para potenciar un modelo de alimentación que le permita obtener los nutrientes que le faltan.

Algunos investigadores creen que la experiencia común de echar en falta la comida se debe al hecho de que la dieta rígida que seguimos, está proporcionando al cuerpo los nutrientes que este necesita. El deseo se plasma así por un alimento específico que contiene esos nutrientes o al menos parte de ellos.

Los suplementos vitamínicos se introdujeron en el mercado con la intención de asegurar que se podían cumplir las demandas nutritivas de las personas físicamente activas que seguían una dieta baja en calorías.

La investigación científica indica que el Biocromo es vital para el control de los niveles de azúcar sanguíneo. Según el Departamento de Agricultura en los Estados Unidos un estudio sobre dietas descubrió que el 90% de las personas examinadas en un estudio contenían cantidades insuficientes de cromo, incluso por debajo de lo mínimo recomendado. Se sabe que el trastorno de los niveles sanguíneos de insulina puede conducir a incrementos notables del apetito, haciendo la dieta más difícil de llevar.

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