Breve historia del dopaje

Dopaje,esteroides

La palabra doping, dopaje en inglés, se refiere a “el empleo de ciertas drogas en la práctica de un deporte“.

Parece que el nombre proviene de una tribu africana, los kaffir, que durante las fiestas rituales ingerían un licor estimulante llamado dop. De aquí pues que los ingleses inventaran el término doping, sinónimo de drogado.

Desde épocas remotas, las personas han consumido ciertos extractos vegetales con algunos productos activos que les permitían incrementar el rendimiento físico, disminuyendo la sensación de fatiga. Es el caso por ejemplo de algunos competidores griegos, que ya varios siglos antes de Cristo consumían una mezcla de semillas, extractos de plantas y hongos alucinógenos para lograr mejoras físicas.

Más antiguamente, los egipcios (siglo XV antes de Cristo) conocieron las aplicaciones médicas del opio; principalmente sus propiedades hipnóticas y analgésicas (para provocar sueño y también mitigar el dolor).

Pero es posible que el “dopaje“, empleado para alterar la dinámica natural del cuerpo, fuera descubierto de forma inconsciente y casual. Los Incas de Perú, durante la época precolombina, se percataron del estímulo y la fuerza que otorgaban las hojas de coca a las llamas (estos animales eran utilizados para transportar pesadas cargas en altas latitudes y parece que después de comer arbustos de coca, renovaban fuerzas para ascender, totalmente cargadas, las cordilleras de los Andes). De aquí pues que los incas mascaran hojas de coca en sus ritos, trabajos y luchas, para aumentar su rendimiento físico.

Otro tipo de sustancias utilizadas por los deportistas para mejorar su rendimiento son los estimulantes, como las anfetaminas. Las tribus indígenas mejicanas les daban un uso metafísico al utilizarlas con el objetivo de facilitar el contacto con los dioses. Este tipo de productos también fueron muy utilizados durante la Segunda Guerra Mundial por parte de los combatientes, para aliviar fatigas y motivar a la lucha.

Controles antidopaje

Durante los siglos XIX y XX, las sustancias más utilizadas en el mundo del deporte han sido la cafeína (que durante años estuvo prohibida y ahora es permitida), la heroína y la cocaína. Sin embargo, no fue hasta los Juegos Olímpicos de 1968, celebrados en México, que se instauraron por primera vez las pruebas antidopaje, unos controles que se han ido perfeccionando para poder detectar el consumo de drogas en una competición.

Actualmente, para prevenir el consumo de sustancias prohibidas o el uso de métodos ilegales destinados a aumentar artificialmente el rendimiento de los deportistas, perjudicando su salud y desvirtuando el propio fenómeno deportivo, existe en España la Comisión Nacional Antidopaje, dependiente del Consejo Superior de Deportes.

A raíz de las competencias asignadas por la Ley del Deporte de 1990 (en su artículo 56.1 ) este Consejo elabora y va actualizando un listado de sustancias y grupos farmacológicos prohibidos, determinando también los métodos no reglamentarios de dopaje en el deporte.

Establece en sus resoluciones que están prohibidos los estimulantes, analgésicos narcóticos, anestésicos locales, el cannabis y sus derivados, el alcohol, bloqueantes beta-adrenérgicos, anabolizantes, diuréticos, hormonas peptídicas, antagonistas estrogénicos, glucocorticosteroides y los emmascarantes.

Asimismo, en esta lista se especifican los fármacos que contienen estas sustancias, concretando también el nivel de detección permitido (puedes consultar este listado en la página web www.iusport.es).

En definitiva, se trata de un reglamento que parte de la doble intención de evitar la competencia desleal – una falta de ética- y de disminuir el riesgo del deportista. Paralelamente, son ampliamente conocidos los casos de populares deportistas que han consumido alguno de estos productos prohibidos, resultando objeto de sanción o, en ciertas ocasiones, de fatídicos problemas de salud (podemos recordar la situación del astro argentino Diego Armando Maradona, la fatídica muerte del maratoniano danés Knut Jensen, que sufrió un colapso durante una carrera, o el también trágico fallecimiento del ciclista británico Tom Simpson en el Tour de 1967).

Y es que el consumo de este tipo de sustancias no sale a cuenta, no es para nadie beneficioso y menos aún para aquellas personas que se preocupan por la salud de su cuerpo practicando deporte. No se trata únicamente de jugar limpio, sino de concienciarse que a través del “doping” ni se mantiene la mente sana, ni mucho menos el cuerpo.

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