El Ordenador y la Televisión, enemigos de los abdominales

Abdominales

El ordenador es uno de los peores enemigos de los abdominales, los que trabajamos delante de uno 8 horas diarias (muchos días incluso más) sabemos de que va el tema. Si no te lo crees, lee con atención el siguiente artículo donde analizamos diversos estudios científicos al respecto.

Allá por 1990, investigadores de la University of Washington School of Medicine realizaron un inteligente experimento:

Pusieron a prueba el estrés experimentado por empleados de su universidad que estaban a cargo del procesamiento de peticiones de becas.

El flujo de propuestas en los Servicios de Becas y Contratos fue totalmente predecible; hubo tres períodos a lo largo del año en que se amontonaron, y otros momentos en los que la carga de trabajo fue relativamente ligera. Los dos períodos de gran flujo sirvieron de ejemplo del modo en que los empleados reaccionaron al estrés, mientras que los períodos de carga de trabajo baja se usaron como valores de «control».

Los investigadores se preocuparon más por los cambios en los niveles de colesterol durante los períodos de estrés, con la idea de que éste era el mecanismo que causaba cardiopatías. Asumiendo que el colesterol pueda subir de nivel, había que identificar qué provocaba ese incremento. Por eso midieron la ingesta calórica durante los períocios de mucho y poco estrés. Una de las conclusiones es que los empleados ingirieron unas 300 calorías más los días de estrés.

Los resultados fueron interesantes, pero el experimento presentó algunas limitaciones:

  1. Como los empleados estaban haciendo trabajo estadístico bajo la presión de una fecha tope, los investigadores no pudieron controlar las tareas que estaban realizando realmente.
  2. Sus análisis de sangre se centraron en el colesterol, en vez de estudiar hormonas directamente relacionadas con el estrés, como el cortisol.
  3. Los participantes anotaron en sus diarios el consumo de alimentos, una forma inexacta de llevar un registro de las calorías. (La gente suele anotar menos cosas de las que come, sea por olvido o porque no quiere decirlo.)

Un estudio más reciente

Dieciocho años más tarde, investigadores sobre obesidad de la Universidad de Laval en Québec abordaron las mismas cuestiones con mejores controles.

Midieron las respuestas del metabolismo y el estrés de catorce estudiantes voluntarios bajo tres condiciones: sentados en una silla confortable sin hacer nada; leyendo un libro asignado y luego escribiendo un informe de 350 palabras sobre él, o haciendo un trabajo complicado en el ordenador con distracciones potenciales. Cada situación duró 45 minutos.

Luego se midió cuánto comieron los voluntarios de un bufé después de cada experimento.

La cantidad de calorías quemadas por los voluntarios fue casi idéntica durante las pruebas, como era de esperar. Como no había implicado ningún esfuerzo físico, sólo costó unas pocas calorías más hacer el «trabajo intelectual» que estar relajados en una silla.

No obstante, el consumo de alimentos fue muy distinto. Los voluntarios comieron una media de 203 calorías más después de la prueba de leer y escribir, en comparación con la parte del experimento en que se quedaron sentados sin hacer nada. Y después de trabajar con el ordenador 45 minutos, consumieron 253 calorías más. Cuanto mayor fue el esfuerzo percibido para completar la tarea intelectual, más fluctuaron los niveles de glucemia de los voluntarios, y más hambre tuvieron después.

Los videojuegos y la televisión no se salvan

O puede que sean incluso peores. Todavía no lo sabemos, aunque las pruebas preliminares resulten inquietantes.

Un equipo de investigadores australianos halló que los adultos que veían más televisión -más de 2,57 horas al día los hombres y 2,14 horas al día las mujeres- presentaban la mayor talla de cintura.

Éste es solo uno de los marcadores de los problemas metabólicos que midió el estudio, pero es obviamente el que más preocupa en un artículo que lleva «abdominales» en el título.

He aquí el punto más inquietante: las cuatro mil personas del estudio no eran marmotas. Todos refirieron al menos dos horas y media por semana de «actividad física de intensidad moderada a vigorosa». Ésa es una cantidad decente de ejercicio. Y, sin embargo, cuanto más tiempo pasaban delante del televisor, más grasa acumulaban en el vientre.

La sección previa mostró que el trabajo intelectual provoca fluctuaciones en la glucemia, lo cual también estimula el apetito. El ejercicio ha demostrado ayudar a reducir esas fluctuaciones. Por tanto, en teoría, un buen programa de entrenamiento mitigará los daños en la talla de la cintura causados por el trabajo delante del ordenador. En el caso del televisor, la única forma de limitar los daños es limitar el tiempo que pasamos delante de él.

Es una pregunta abierta si los videojuegos tienen más de trabajo intelectual o se asemejan más a ver la televisión respecto al gasto metabólico del cuerpo. En un estudio publicado en 2009 en American fournal of Preventive Medicine, se halló que los jugadores adultos son más pesados que los que no juegan con videojuegos y tienden a gozar de una peor salud física y mental.

Conclusiones

¿Causa una la otra, o la gente que gana peso y se deprime pasa más tiempo jugando a videojuegos?

Es muy pronto para decirlo. Lo importante que quiero recalcar aquí es que la televisión y los videojuegos, en el peor de los casos, forman parte de un ejército electrónico que marcha desde un Mordor virtual para hacer la guerra a tu composición corporal.

En el mejor de los casos, guardan correlación con la batalla por el control de la cintura. En cualquier caso, representan una elección de estilo de vida que perjudica tu búsqueda de un físico más esbelto, debido principalmente a que el estrés que generan puede provocar fluctuaciones en la glucemia que aumentan el apetito.

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