El Sistema Inmunológico

El sistema inmunológico

En estos momentos se poseen los conocimientos suficientes para reforzar la inmunidad de forma natural. El ejercicio físico puede afectar, en función de su naturaleza, de forma positiva o negativa a las defensas del organismo.

Para conseguir que vuestro sistema defensivo funcione perfectamente necesitaréis, al menos, unos mínimos conocimientos de su funcionamiento, así que trataré de ser lo más explícito posible en este artículo.

La actividad inmunológica implica a toda una red de procesos y células especializadas. Podríamos dividirla en dos partes: la inmunidad humoral y la mediada celularmente.

La primera produce anticuerpos en respuesta a una gran variedad de agentes invasores tales como virus, bacterias, agentes químicos y otras sustancias ajenas a nuestro cuerpo.  Todos estos invasores se llaman antígenos y el sistema inmunológico humoral fabrica un anticuerpo específico, para cada antígeno, capaz de reconocer y atacar sólo a ese en particular.

Conforme os vais exponiendo a más y más antígenos, vuestro cuerpo va desarrollando una gran variedad de miles de anticuerpos distintos que, a lo largo de la vida, se guardan en su memoria inmunológica, codificada en proteínas, como arsenal de defensa.

La inmunidad mediada celularmente tiene que ver con células sumamente especializadas. Las más importantes son las células B y T, que son linfocitos que se diferencian en varias subdivisiones con reacciones distintas.

Más información sobre la relación del ejercicio con el sistema inmunológico en nuestro artículo Potencia tu Sistema Inmunológico con el entrenamiento.

Las células de nuestro sistema inmune

Nos ocuparemos sólo de unas pocas que estén relacionadas con la actividad deportiva.

Linfocitos

El segundo tipo de célula inmunitaria más común son los linfocitos. Entre el 25 y el 40% de ellas se fabrican en el bazo y en los nódulos linfáticos, siendo su función la de protegernos contra los virus, aunque también contra algunas bacterias y otras células extrañas.  La inflamación de un ganglio es la señal de una infección vírica.

Los linfocitos utilizan a los anticuerpos para poder reconocer y atacar a los antígenos invasores.  Cuando lo hacen se multiplican de forma espectacular. Ese proceso se conoce como la respuesta proliferativa del linfocito y, mientras más fuerte es, más fortaleza cobra la inmunidad.

Las células naturales asesinas son linfocitos grandes que no precisan de la respuesta de los anticuerpos para reconocer a las células extrañas, pudiendo atacar a los invasores desconocidos de forma inmediata sin necesidad de esperar los hasta 10 días que los anticuerpos precisan para formarse o activarse.

Las células naturales asesinas son cruciales para los atletas, ya que son la primera línea de defensa capaz de inutilizar a un nuevo virus o invasor hasta que la respuesta inmunológica específica al antígeno se produzca.

Fagocitos

Los fagocitos son como soldados caníbales de a pie del sistema de defensa.

Cada vez que el cuerpo sufre una lesión o se ve invadido por partículas extrañas se produce una respuesta inflamatoria que lleva a los fagocitos rápidamente hacia la zona donde, sin dilación, ingieren las células muertas o moribundas.

También matan y devoran células invasoras, en especial si éstas han sido localizadas y
neutralizadas por los anticuerpos.

Los dos fagocitos más importantes son los macrófagos, que se forman con monocitos, y los neutrófilos.

Son capaces de ingerir una gran variedad de partículas, desde virus a bacterias, pasando por venenos e incluso diminutas partículas de plástico.

En su batalla con los invasores extraños los macrófagos y neutrófilos utilizan una buena dosis de oxígeno, el cual produce gran cantidad de radicales libres y subproductos tóxicos del oxígeno. Esta reacción se conoce como explosión oxidativa y es nociva para el cuerpo. Por
lo tanto, cuanto menor sea la explosión oxidativa, tanto mejor para la inmunidad.

Monocitos

Luego vienen los monocitos, que constituyen entre el 4 y 10% del total de las células blancas. Éstos se transforman en macrófagos que engullen y digieren células extrañas, así como las muertas o moribundas del propio cuerpo, que causan reacciones inflamatorias.

También absorben fluidos en las zonas inflamadas, así que son esenciales en las lesiones deportivas.

Eosinófilos

Los eosinófilos, que sólo constituyen entre el 1 y 4% de las células defensoras, están especializados en proteger los pulmones y el tracto gastrointestinal, así que también son esenciales para los atletas. La cortisona anula la actividad de los eosinófilos.

¿Es nuestro sistema inmunológico bueno?

La respuesta hipersensible diferida se utiliza para medir las defensas. Esta es una respuesta mediada celularmente en la que los linfocitos liberan factores de crecimiento para reclutar y activar más macrófagos.

Ésta tarda entre un día y varias semanas en producirse, en contraste con otras respuestas inmunológicas inmediatas. Por supuesto, cuanto mejor sea la respuesta hipersensible diferida, tanto más fuertes serán vuestras defensas.

Desde hace muchos años es posible determinar mediante análisis sanguíneos, el grado de inmunidad, ya que aunque las células inmunológicas representan sólo una pequeñísima parte de la sangre, entre el 50 y 65% de éstas son fagocitos llamados neutrófilos segmentados.

Cuando éstos segmentos son elevados eso significa que existe una infección bactericida, porque en cuanto se inicia una infección la médula ósea libera neutrófilos en grandes cantidades para combatirla.

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