El mito del principiante

Mitos de principiantes

Nos referimos aquí, en este breve artículo, a uno de los prejuicios más perniciosos y limitadores que recorren los gimnasios: el mito del principiante.

Es decir, el supuesto de que necesariamente la persona tiene que introducirse en el culturismo de un modo lento, a través de aburridas y espaciadas rutinas, de niveles de esfuerzo mínimos, concebidos para no asustar a la parte más recalcitrante y perezosa de su ser.

Muchos años de experiencia en este deporte me convencen de todo lo contrario.

La verdadera motivación

Lo que el principiante necesita es atención, explicación, un entusiasmo que sólo le puede llegar del conocimiento y un estímulo que sólo le darán los resultados.

En un deporte cuya ejecución técnica es tan sencilla como la del culturismo y cuyas sesiones tienen la duración limitada por las mismas necesidades de recuperación de los músculos, un principiante puede hacer casi exactamente la misma rutina que un culturista experimentado.

Serán distintas la fuerza y la intensidad, desde luego; será recomendable evitar, al comienzo, ejercicios cuya sana ejecución depende del fortalecimiento previo de zonas musculares que asisten el esfuerzo, como es el caso de las sentadillas y el remo de dorsal con barra, que pueden lesionar la espalda baja si el tronco abdominal-lumbar no está suficientemente trabajado; pero en todo lo demás un principiante puede seguir a un experto y, cuando no se deja frenar por absurdos complejos y miedos colectivos, encuentra en ello un definitivo estímulo.

En lugar de promover esta asociación, o de dar una pronta madurez al principiante a base de rutinas variadas y convenientemente explicadas, de ayudarle a lograr resultados con programas intensos e inteligentes, se permite con demasiada frecuencia en los gimnasios que impere una atmósfera inerte y de funcionamiento mecánico.

Esto solo lleva al aburrimiento y posteriormente al inevitable abandono.

Hay monitores que esgrimen la amenaza del sobreentreno como si el esfuerzo de los más dinámicos fuera una auténtica ofensa contra su apoltronamiento, otros se contentan con regentar la sala como si fuera un jardín de infancia.

Los capaces de encender de estímulo todo el ambiente de un centro deportivo son individualidades solitarias y valiosas como los astros.

Extraído de “Culturismo Integral”.

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